Written by Andrea Parra    Wednesday, 23 September 2009 01:03    PDF Print E-mail
Niños y Televisión: ¿Buena Combinación?
Ver televisión es una actividad muy atractiva para niños y adolescentes y, a juzgar por las estadísticas, muy frecuente.  En Colombia y Argentina los niños miran, en promedio, hasta 4 horas diarias de televisión; en Estados Unidos y Canadá el panorama es similar, 3 horas diarias (5)(7)(14). En conclusión, los niños y adolescentes que tienen acceso a la televisión están haciendo, en general, un vasto uso de ella y, en muchos casos, sin ninguna supervisión paterna.  Esto se puede deber, como se reportaba en un estudio, a que estos padres piensan que la televisión es inocua, es decir, no tiene efectos, positivos o negativos, sobre la vida de sus hijos.  Lo cierto es que la exposición a la televisión sí se encuentra asociada con el desarrollo de aspectos personales en los niños que se pueden extender hasta la vida adulta.  
 
 
Lo que puede ser tomado simplemente como un medio de entretenimiento o información puede estar ejerciendo un efecto importante sobre la generación de hábitos, conductas y enfermedades, dependiendo de tres variables que tienden a interactuar entre sí: la cantidad de televisión vista, el contenido de los programas y el momento del desarrollo en el que se encuentre el niño. La interacción entre estos elementos se repite a lo largo de la literatura revisada, resaltando que, nosotros como padres, no podemos descuidar ninguno de ellos. La Asociación Americana de Pediatría aconseja que los niños menores de 2 años no vean televisión, en lo absoluto, y los niños mayores de 2 años vean un máximo de dos horas de televisión al día (11). Muchos de los estudios revisados terminan por concordar con esta recomendación, aunque algunos acepten que su influencia también puede ser positiva. 

¿Qué tiene de positivo la televisión? Es una opción frente al aburrimiento, puede proveer información certera sobre innumerables temas, puede ser una fuente de valores positivos y habilidades prosociales, incluso puede ayudar en la adquisición de habilidades de lecto-escritura.  Es más, los programas educativos y varios de los creados especialmente para la población infantil y juvenil tienen estos propósitos, es decir, entretener, informar, ejemplificar y enseñar.

El contenido de programas como Plaza Sésamo, Little Einsteins y otros similares pueden ayudar a los niños en edad preescolar a reconocer letras y sonidos, poniéndolos en el camino correcto hacia la adquisición de habilidades de lecto-escritura y motivando su amor por la lectura. Pero, este beneficio potencial no se puede extender a todas las edades, se ha encontrado que en niños un poco mayores, aquellos que ya han adquirido las habilidades de lecto-escritura y en el presente se encuentran practicándolas, la televisión puede competir y hacer poco placentero el hábito de leer, lo que obviamente puede afectar cuándo y qué tan temprano los niños se convierten en lectores fluidos (9).

Parece que los programas educativos para niños y niñas en edad preescolar también son exitosos enseñando conductas prosociales tales como compartir, cooperar, ayudar e incluir a otros en juegos y actividades. Sin embargo, estos programas también tienen su lado oscuro. Una  investigación realizada con niños y niñas entre los 2 y los 5 años de edad encontró que, en general, los niños que veían estos programas exhibían conductas prosociales, sin importar el sexo, pero las niñas, además, presentaban conductas de agresión relacional (en este tipo de agresión se lastima a la víctima dañando sus relaciones sociales).  Los investigadores suponen que algunos de estos programas educativos están modelando, sin ser esta su intención, conductas de agresión relacional. Por ejemplo, en un episodio se puede mostrar a un niño o una niña que es rechazado por sus amigos y al final del programa mostrar las conductas prosociales que llevan a la reconciliación. Parece que los niños en esta etapa temprana de su infancia tienen dificultades para enlazar el principio con el final y entender la historia como un todo, en cambio perciben cada escena de manera individual y así mismo adquieren los comportamientos que se presentan, separadamente (12).

¿Qué tiene de malo la televisión? Lamentablemente mucho para un niño o un adolescente que está en proceso de formación no sólo de su personalidad, sino de sus estructuras físicas y mentales. Ver televisión se ha asociado con condiciones que pueden afectar la salud o dificultar la adaptación social y que, como padres, desearíamos que nuestros hijos no las vivieran. Algunas de estas asociaciones como la televisión y la obesidad han sido ampliamente estudiadas, mientras otras, como el rol que la televisión puede jugar en la aparición del déficit de atención con hiperactividad, están siendo hasta ahora investigadas, pero han arrojado datos de interés. 

* Sobre la televisión y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Se ha encontrado que la exposición a la televisión en la infancia temprana (el estudio consultado recogió datos de niños y niñas entre 1 y 3 años de edad) se relaciona con problemas atencionales posteriores: entre mayor sea la exposición a la televisión a esta edad, mayor será el riesgo de desarrollar TDAH a la edad de siete años.  Pero, ¿por qué es posible esta asociación? Se sabe que durante los primeros años de vida el cerebro continúa desarrollándose y tiene una plasticidad considerable, de tal forma que la exposición a ciertos tipos de estímulos auditivos y visuales puede afectar el número y la densidad de las sinapsis neuronales.  En contraste con el ritmo de la vida real, la televisión puede cambiar rápidamente las imágenes, los escenarios y los eventos, lo que puede resultar sobrestimulante para un niño durante su periodo crítico de desarrollo sináptico y, por ende, afectar la duración de sus periodos de atención (4).

* Sobre la televisión, el cigarrillo y el alcohol. Diversos estudios han encontrado que los programas de televisión que presentan escenas de uso de alcohol y cigarrillo pueden alentar su uso entre los adolescentes, de tal forma que entre más televisión con este tipo de contenido consuma un adolescente, mayor será el riesgo de que se inicie tempranamente en alguno de estos hábitos. La peligrosa influencia de la televisión radica en que muchos de los programas que ven los adolescentes, incluidas algunas películas catalogadas como familiares (G-Rated) y algunos videos musicales, recrean el uso del cigarrillo y el alcohol como divertido e interesante o, bien, como algo común en la vida de sus personajes y, rara vez, lo muestran de manera poco atractiva o es asociado con consecuencias negativas (6). 

* Sobre la televisión y la agresión. Pocas conductas agresivas son causadas por una única fuente, son más bien el producto de la interacción de varios factores y en esta medida, la televisión debe ser entendida como una de sus causas potenciales. Sin embargo su influencia no debe desestimarse, muchos estudios han encontrado que  la exposición frecuente a programas violentos se asocia con la aparición de conductas, emociones y cogniciones agresivas en niños, niñas y adolescentes; efectos que pueden extenderse hasta la vida adulta, aún cuando ya no se sea un consumidor asiduo de televisión. Este dato es de verdad alarmante, más si se tiene en cuenta que cerca del 70%  de los programas infantiles presentan, en promedio, 14 escenas de agresión física por hora (los programas no dirigidos al público infantil sólo presentan 4 de estas escenas por hora) e incluso los programas educativos presentan escenas de agresión relacional (2)(12).  

Los programas de televisión con contenidos agresivos o violentos pueden activar pensamientos agresivos, incrementar la excitación fisiológica y disparar una tendencia automática a imitar los comportamientos observados lo que produciría, a corto plazo, un incremento de conductas agresivas en niños, niñas y adolescentes. A largo plazo  pueden contribuir a generar y mantener la agresión ya que legitiman el uso de estrategias agresivas para resolver los problemas,  ayudan a construir en el espectador creencias y actitudes que soportan la agresión como un comportamiento social apropiado y fácilmente accesible. Adicionalmente, una exposición frecuente a programas de televisión violentos puede aminorar las emociones negativas normales frente a un acto violento, facilitando así que la persona despliegue conductas agresivas o disminuya su empatía y su ayuda a las víctimas de un acto violento (2).

Por otra parte, los factores que pueden exacerbar o mitigar la influencia de la televisión violenta en los niños y adolescentes también ha sido un tema de interés para los investigadores porque arrojan claves para la prevención, por ejemplo: la agresión en televisión no afecta a niños y niñas por igual, mientras que la exposición a escenas violentas se asocia con agresión física y verbal en los niños, en las niñas se asocia con agresión verbal y relacional (12);  ni el género, ni una personalidad no agresiva, ni ser de clase socioeconómica alta, ni una mayor inteligencia garantizan que la televisión violenta no afectará negativamente a quién la observa y  el grado de realismo de las escenas  violentas aumenta la probabilidad de que afecte negativamente a quién las observa (8). 


* Sobre la televisión y los estereotipos. Diversos estudios han encontrado que la televisión puede contribuir a crear en los niños y las niñas estereotipos de género y de raza sin importar la edad, la clase social, el coeficiente intelectual o los hábitos televisivos de los padres.  La importancia de esta asociación radica en que la televisión puede enseñar a los niños creencias negativas y erróneas sobre la mujer u otros grupos sociales, además del daño que puede ocasionar sobre el autoestima de un niño o joven cuando ve miembros de su sexo, raza o religión, entre otros, siendo retratados de manera negativa en televisión (13).

* Sobre la televisión y la sexualidad. Aunque en ocasiones los adolescentes pueden no ser consientes de la influencia que la televisión juega en su sexualidad y minimizan su influencia con comentarios como “no porque vea a una pareja teniendo sexo en televisión voy a salir a hacer lo mismo”, se ha encontrado que los adolescentes que observan con mayor frecuencia programas de televisión con contenidos sexuales explícitos, imágenes o diálogos, son más propensos a considerar el sexo como una actividad recreativa, presentan actitudes más negativas hacia cualquier restricción impuesta a material sexualmente orientado y son más propensos a iniciarse tempranamente en la actividad sexual.  La fuerza de la relación entre los contenidos sexuales y las actitudes de los adolescentes hacia el sexo se encuentra determinado hasta cierto grado por el realismo de las escenas y parece tener mayor influencia sobre los hombres que sobre las mujeres (8).

* Sobre la televisión y los comerciales. Diversos estudios han encontrado que los niños, especialmente durante su infancia temprana, son vulnerables a los comerciales  porque no diferencian entre el contenido de un programa y el mensaje en un comercial y son influenciados fácilmente por los efectos especiales y otras técnicas usadas para aumentar el atractivo de un producto.   Aunque la comprensión de los niños sobre los comerciales aumenta durante los años de la escuela elemental, muchos continúan asumiendo que los comerciales proveen información certera (13). 


¿Cómo la televisión ejerce su influencia?
La televisión es muy eficiente recreando modelos de cómo actuar, pensar, sentir o reaccionar frente a determinadas situaciones. Todo lo expuesto en este artículo, excepto el TDAH que involucran otros mecanismos ya explicados, se aprende a través de la observación de modelos tanto positivos como negativos. De acuerdo a la teoría del aprendizaje social las personas pueden adquirir creencias, conductas o habilidades a partir de la observación de modelos.   Si el modelo es recompensado, las personas tenderán a imitar lo observado pues evalúan que al hacerlo obtendrán lo que buscan. La televisión provee a niños y a adolescentes modelos a seguir, como superhéroes, deportistas, superestrellas e incluso personas comunes, más parecidas a ellos mismos, que al actuar de determinada manera obtienen algún logro socialmente aceptado y valorado. 

¿Qué podemos hacer los padres?  
Muchísimo, si actuamos como agentes moderadores activos, regulando cuándo, cómo y qué ven nuestros hijos e hijas en televisión. A continuación algunos consejos y datos de interés para lograrlo (1)(3).
1. Establezca límites. La Asociación Americana de Pediatría recomienda que los niños menores de dos años no vean televisión en lo absoluto y los mayores de 2 años un máximo de dos horas diarias. No permita que su hijo(a) vea tv mientras hace su tarea. 

2. Permanezca a cargo. Escoja por su hijo(a) cuando es pequeño(a). Escoja con su hijo(a) cuando es mayor. Vea televisión con su hijo(a) y hable con él(ella) siempre que sea posible.

3. Planee que ver. En lugar de saltar un canal a otro, use una guía de programación y la graduación de los programas (TV Ranking) para determinar que ver. Prenda el televisor para ver el programa y apáguelo cuando termine.

4. Busque películas adecuadas para su hijo(a). Lea la reseña de las películas. Busque signos de insomnio, aumento de ansiedad o temor, su hijo(a) puede haber visto algún contenido que lo importunó. Inclínese por aquellas películas que la mayoría de la familia puede disfrutar junta.

5. Sea un apoyo. Recuerde elogiar a su hijo(a) cuando hacen elecciones con las que usted está de acuerdo. Entre más apoye y refuerce estas elecciones, será más probable que su hijo(a) las repita. Además, ser comprensivo ayuda a balancear esos momentos cuando usted se ve obligado a limitar o eliminar programas a su hijo(a).

6. Vea televisión con su hijo. Siempre que sea posible vea televisión con su hijo(a) y háblele acerca de lo que ven. Si su hijo(a) es muy pequeño(a) quizás no entenderá la diferencia entre un programa, un comercial, una caricatura o la vida real. Sea muy cuidadoso con los programas basados en la realidad (realities) porque la mayoría no son apropiados para niños.

7. Involúcrese. Ayude a su hijo(a) a ser consumidor activo en lugar de pasivo. Si usted encuentra algo con lo que no está de acuerdo o nota violencia, racismo o sexismo discútalo con su hijo(a). Déjelo saber lo que piensa, pregúntele sus opiniones, escúchelo activamente y sea comprensivo con sus respuestas. He aquí cinco preguntas útiles que se pueden hacer cuando se está viendo tv con su hijo: ¿Te gusta?, ¿Cómo te hace sentir?, ¿Eso puede pasar de verdad?, ¿Cómo resolverías el problema?  Las noticias pueden ser particularmente perturbadoras para niños muy pequeños, así que si su hijo pequeño ve noticias hágalo sentir seguro y llene cualquier vacío en su comprensión.

8. Ayude a su hijo(a) a resistirse a los comerciales. Cuando su hijo pide cosas que ve en  televisión, explíquele que el propósito de los comerciales es hacer que la gente quiera cosas que tal vez no necesita.

9. Sea un buen ejemplo. Usted es un modelo para su hijo(a), así que limitar el tiempo que pasa viendo televisión y escoger los programas cuidadosamente le ayudará a su hijo(a) a hacer lo mismo. 

10. Trate de poner la tv en un lugar de uso familiar, en vez de en la habitación del niños. Esto facilitará la supervisión y habrá mayor posibilidad para la discusión familiar.

11. Brinde otras opciones. Equilibre el uso de la televisión con otras actividades que sean divertidas, estimulantes y reconfortantes como jugar, leer, practicar un deporte, un instrumento musical o un arte, pasar tiempo con familiares o amigos. Las investigaciones muestras que los niños con intereses variados son más propensos a evaluar los aspectos positivos y negativos de la televisión.

Referencias
(1) American Academy of Pediatrics (2007). Television and the Family. Disponible en: http://www.aap.org/publiced/BR_TV.htm. Recuperado: Septiembre de 2009.
(2) Anderson, C. A., Berkowitz, L., Donnerstein, E., Huesmann, R. L., Johnson, J., Linz, D., et al. (2003). The influence of media violence on youth. Psychological Science in the Public Interest, 4, 81–110.
(3) Canadian Teachers' Federation (2003). Kids´ Take on Media. Disponible en: http://www.ctf-fce.ca/e/resources/merp/bulletinforparents.pdf. Recuperado en: Septiembre de 2009.
(4) Christakis, D.A., Zimmerman, F.J., DiGiuseppe, D.L., & McCarty, C.A. (2004). Early Television Exposure and Subsequent Attentional Problems in Children. Pediatrics, 113, 4.
(5) El País (2009). En los Hogares Nacionales hay más Televisores que Estufas. Disponible en: http://www.elpais.com.co/paisonline/notas/Julio282009/televisionestadisticas.html; Recuperado: Septiembre de 2009.
(6) Gidwani, P.P., Sobol, A., DeJong, W., Perrin, J.M. & Gortmaker, S.L. (2002). Television Viewing and Initiation of Smoking Among Youth. Pediatrics, 110, 505-508.
(7) Kaiser Family Foudation (2005). Generation  M: Media in Lives of 8 – 18 Years-olds. Disponible en: http://www.kff.org/entmedia/entmedia030905pkg.cfm; Recuperado: Septiembre de 2009.
(8) Kotrla, B. (2007). Sex and Violence.  Is Exposure to Media Content Harmful to Children? Children and Libraries, Summer/Fall.
(9) Manzo, K.K., (2009). Studies Support Benefits of Educational TV for Reading. Education Week, 28, 23.
(10) Media  Awareness  Network  (1999).    Statistics  on  TV  Viewing  Habits  (1994-2000).     Disponible en: http://www.mediaawareness.ca/english/resources/research_documents/statistics/television/tv_viewing_habits.cfm; Recuperado: Septiembre de 2008
(11) Mistry,K.B.,  Minkovitz,C.S., Strobino, D. M. & Borzekowski ,D. L. (2007).  Children's Television Exposure and Behavioral and Social Outcomes at 5.5 Years: Does Timing of Exposure Matter? Pediatrics, 120.
(12) Ostrov, J.M. Gentile, D.A. & Crick, N.R.( 2006).  Media Exposure, Aggression and Prosocial Behavior during Early Childhood: A Longitudinal Study.  Social Development, 15, 4.
(13) Zuckerman, D.M & Zuckerman, B.S. (1985). Television´s Impact on Children. Pediatrics, 75, 2.
(14) (…). Estadísticas Alarmantes. Disponible en:http://www.oni.escuelas.edu.ar/olimpi99/la-television/estadist.htm; Recuperado: Septiembre de 2009.


Last Updated ( Wednesday, 23 September 2009 01:43 )